El objetivo fundamental de la educación debe centrarse más en el ser, en el bienestar y en el bien estar, que en el saber y en el hacer.
Para ello es preciso poner el énfasis en:
- La educación emocional
- La formación en valores
- La práctica cotidiana de habilidades sociales
- El logro de la máxima autonomía y responsabilidad
- La educación emocional
- La formación en valores
- La práctica cotidiana de habilidades sociales
- El logro de la máxima autonomía y responsabilidad
En coherencia con este principio, recomiendo:
1) Procurar que se mantenga hacia el niño, en todos los ambientes en los que se mueve, el respeto, la exigencia, el afecto y la alegría.2) Hacer que los objetivos educativos en el hogar y en la escuela sean claros, concretos, funcionales, necesarios como fin en sí mismos y como paso previo para otros logros. Deben ser fáciles de identificar y evaluar.
3) Conseguir que el niño sea auténtico protagonista y participante activo en su progreso y desarrollo.
4) Ofrecer al niño muchas oportunidades para elegir y participar o tomar decisiones en los temas que le conciernen.
5) Poner una atención especial en valorar sus esfuerzos y su conductas, respetando siempre su persona. Es preciso omitir tanto los juicios o comentarios peyorativos como los halagos exagerados e inmerecidos.
6) Que en ninguna circunstancia se le permitan conductas que en ese momento o más tarde sean inadecuadas o inaceptables en el ambiente social en el que se mueve.
7) Darle muchas oportunidades de vivir experiencias “normales” de participación social: acontecimientos familiares, viajes, visitas, compras, etc.
8) Evitar el hacer por él lo que puede hacer por sí mismo, aunque el resultado final no tenga la “perfección” propia del adulto.
9) Ayudarle a comprender su propios sentimientos y a encauzar adecuadamente sus enfados, rabia, afán de protagonismo y de superioridad o percepción negativa de sí mismo o de los otros. Ayudarle a ser objetivo y a explicar las cosas como son, respetando a los demás.
10) No consentirle privilegios, ni darle un trato diferente al que se le da a los otros niños que le rodean, lo cual no está reñido con la necesidad de adaptarse a su manera de ser y de aprender; por ejemplo, repitiendo explicaciones o mandatos y dándole más tiempo para ejecutar.
11) Evitar las múltiples terapias y visitas a centros y profesionales, así como un horario repleto de actividades. Y tener especial cuidado en evitar la exigencia excesiva, aunque también evitar el abandono, el descargar la responsabilidad en otros.
12) Pasarlo bien juntos: a) con mucha comunicación, hablándole bien para que escuche, escuchándole atenta y pacientemente para que se comunique, y b) con juegos y lecturas compartidos, y con canciones.
13) Mantener la paciencia activa -intervenir durante el tiempo que sea necesario para conseguir un resultado- y el buen humor, que es el modo de educar más eficaz para uno mismo y para el niño.
"En el País de Nunca Jamás ocurren cosas maravillosas"
En el País de Nunca Jamás existe la felicidad justamente donde tú crees que no puede existir.
¿Acaso puedes imaginar que donde habita alguien con Síndrome de Down puede haber felicidad?
Si tienes alguna duda voy a ayudarte a ver con claridad. Para eso te pido que observes estas caras de felicidad Estos niños son felices y pueden hacer felices a quienes tienen junto a ellos.
Estos niños nunca se quejarán de ser quienes son.
Estos niños nunca buscarán terminar con sus propias vidas por sentirse desgraciados.
Estos niños pueden regalar las más bellas caricias y las más bellas sonrisas.
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